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CEREMONIA INAUGURAL: RUSIA LE CANTÓ AL FÚTBOL Y AL AMOR

LA INAUGURACIÓN DE LA COPA DEL MUNDO 2018 FUE UNA CONEXIÓN DEL ESPACIO CÓSMICO CON LA TIERRA, MEDIANTE UN BALÓN. LA CEREMONIA EN EL LUZHNIKÍ FUE UN BELLO SIMBOLISMO QUE DURÓ 10 MINUTOS…

La imagen de un balón lanzado desde el espacio por los cosmonautas rusos y cayendo desde lo alto, venciendo toda ingravidez, sobre la superficie de Moscú…

Una orquesta sinfónica. Un piano de cola. Una lluvia de balones… Un niño atravesando espacios icónicos de la capital rusa con el “juguete” atado al pie, en una suerte de quiebres y gambetas que lo llevan a sortear incluso la superficie del río Volga…

Así empezó la ceremonia de inauguración del Campeonato Mundial de Rusia 2018, celebrada este jueves en Moscú.

Este mosaico de ensueño, acompañado por la musicalización de la sinfónica, irrumpe con otra escena: la incursión del cantante británico Robbie Williams y su desplazamiento hacia un minúsculo escenario con forma de balón instalado en el centro del campo.

Unas 80 mil gargantas restallan dentro de la estructura acústica del estadio Luzhnikí al escuchar “Let me entertain me”, uno de los clásicos del inglés.

El reloj corre. Los rusos se han propuesto una ceremonia de diez minutos, rompiendo con todos los protocolos de otros mundiales.

Tanto Rusia como Arabia Saudita ya habían calentado y se hallaban en los vestuarios domesticando las palpitaciones del debut.

Un arpa suena y entra al estadio convertido en teatro de las fantasías la soprano rusa Aida Garifullina. La muchedumbre entra en trance. La voz concentra todas las atenciones…

Por un clic mágico a cargo de Felix Mikhailov, el director creativo del mundial, la gramilla del Luzhnikí se ha transformado en una superficie que emula la “piel” de un balón clásico gigantesco, de cascos blancos y verdes con sombreados oscuros que dan la sensación de alto relieve…

Un desfile de artistas, luciendo trajes típicos con las banderas de los países participantes, cimbrea entre el escenario central y la coreografía de esferas gigantes con cara de balón que le dan vista a las tribunas. Unos chorros de fuego fatuo son disparados al aire…

De nuevo Williams y Aida. Ahora se encuentran sobre el escenario y funden sus voces en lo que podría entenderse como una metáfora amorosa recitada en tono de balada.

El niño de las gambetas ingresa a la cancha tomado de la mano de Ronaldo, el campeón del mundo con Brasil en Estados Unidos 1994 y Japón y Corea 2002. Momento sublime: saque de honor…

Ronaldo corre y cuando todos piensan que impactará, amaga, pasa el pie sobre la bola y deja que el niño chute. Es un pase.

El lobo Zabivaka, que en ruso significa “el que anota”, mascota oficial de la Copa del Mundo, recibe el balón y con este gesto de entrega y generosidad, la inauguración es un hecho….

De nuevo el público libera su ansiedad acumulada durante cuatro años… El Luzhnikí ahora está encendido. Los combustibles son el amor, el futbol y el sueño, enquistados en todo campeonato mundial…

¡Rusia 2018 vive!

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