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Familia víctima de paramilitares llegó desde México a recibir predio en Puerto Gaitán, Meta

Una familia despojada forzosamente de su predio hace cerca de veinte años en Puerto Gaitán, Meta, y exiliada en México tras el recrudecimiento de la violencia en Colombia, conforma el caso más reciente de víctimas residentes en el extranjero que recuperan su tierra en el país a través del proceso de restitución de tierras.

Un vuelo de más de cinco horas desde Ciudad de México a Bogotá, y luego por tierra casi ocho horas más de allí hasta Puerto Gaitán, en Meta, fueron los trayectos que recorrió en días pasados la familia Cheu Toro para asistir a la diligencia judicial que, a través de la Unidad de Restitución de Tierras (URT), les devuelve, a partir de ese día, un predio arrebatado por la violencia cerca de veinte años atrás en esa zona del país.

Con el acompañamiento de la URT, la Fuerza Pública y algunos representantes de la rama judicial encargados de la entrega del terreno, a medida que se fueron acercando a la vereda La Cristalina, lugar del municipio en que está ubicado el predio de 2.018 hectáreas que hoy, por acción de la justicia, regresa a sus manos, en José David, su esposa y su hijo fueron brotando recuerdos que los transportaron a los duros momentos que la violencia les hizo pasar.

Por aquel entonces, a inicios de la primera década del 2000, José David Cheu y los suyos vivían como prósperos hacendados que, más allá de sacar provecho económico a la tierra mediante la cría de ganado y cerdos y la siembra de cultivos frutales, aportaban a la comunidad generando empleo y ofreciendo una despensa agrícola de la cual los pobladores se beneficiaban a bajo costo.

Sin embargo, la cada vez mayor presencia de grupos armados y la inminente confrontación entre la guerrilla y los paramilitares, fueron haciendo insostenible la permanencia en el lugar. Para el año 2002, luego de abandonar la propiedad a raíz de arremetidas violentas por parte de las llamadas Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada (Acmv), que finalmente devastaron a sangre y fuego el caserío cercano, los Cheu Toro decidieron venderla. Comenzó entonces su verdadero calvario.

Acudieron en Villavicencio a una cita en que un supuesto comprador respondía al aviso de venta que habían publicado en un periódico. El sujeto resultó ser un comandante paramilitar que, con amenazas, les hizo firmar la escritura pública del predio a nombre de un lugarteniente que lo acompañaba, reteniéndolos además varios días contra su voluntad en un apartamento de Bogotá, y entregándoles finalmente una suma irrisoria por debajo del valor real del predio.

Sin mayores recursos, la familia inició una correría por varias poblaciones del país en busca de un sustento, pero la crisis y la violencia con que se encontraron una y otra vez, terminó por llevar fuera de Colombia a estas víctimas de la violencia. Estuvieron primero en Chile y luego arribaron a México, adonde este año recibieron por parte de la Unidad de Restitución de Tierras la notificación que hizo oficial el reintegro de su patrimonio en su tierra natal.

“Muchas veces quisimos regresar y dejamos en manos de la justicia ordinaria nuestro caso, pero a la normatividad de entonces le faltaban dientes. Sólo con la Ley 1448 y los acuerdos de paz es que quienes padecimos la violencia vimos realmente un cambio en el país y por eso nos atrevimos a venir”, declaró José David, de 71 años, con las primeras palabras que logró pronunciar tras la emoción de volver a pisar su finca.

Al igual que a los integrantes de esta familia, hoy por hoy, gracias al proceso de restitución de tierras impulsado por el Gobierno Nacional, en Colombia se han devuelto entre 122 víctimas del conflicto armado, residentes en el extranjero, un total de 5.026 hectáreas de tierra. Las reclamaciones del exterior provienen principalmente de Brasil, Costa Rica, Venezuela, Ecuador, México, EE. UU., Canadá y Suecia.

“Nuestro compromiso abarca a todas las víctimas de desplazamiento o abandono forzado, estén donde estén. Son ellos, sin ninguna distinción, quienes nos motivan a seguir trabajando por que los campesinos y agricultores recuperen lo que les quitó la guerra”, sostuvo el director general de la Unidad de Restitución de Tierras, Ricardo Sabogal.

Durante la diligencia de entrega, ante la magnificencia de la altillanura colombiana, de la que soñaban volver a disfrutar algún día, los Cheu Toro se estrecharon en un fuerte y prolongado abrazo que dejó a todos los asistentes claro lo que significa la restitución para quienes fueron desplazados de sus hogares.

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