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WASHINGTON D.C. – Aunque inicialmente su avance en el centro de Asia fue lento, el coronavirus ahora avanza con rapidez en la región, exponiendo las debilidades de sus sistemas nacionales de salud y las fallas de sus enfoques autoritarios para resolver problemas.

Los líderes de la región aseguran estar haciendo todo lo posible para combatir el virus, pero los pacientes y médicos cuentan una versión diferente.

Desde compartir experiencias personales sobre la detección y el tratamiento del COVID-19 hasta más valoraciones clínicas del servicio de emergencia, los uzbecos, kazacos y kyrguizos están siendo más vocales que nunca antes sobre las fallas de sus gobiernos para ofrecer servicios esenciales.

“El virus ha mostrado la podredumbre en el sistema de salud pública”, dijo Qamariddin Shayhov, que tomó tres pruebas y sufrió lo que describe como burocracia de desperdicio como un paciente de coronavirus. Shayhov es el director fundador de Qalampir.u, una página web basada en Tashkent.

El ministerio de Salud de Uzbekistán, en un reconocimiento de que el sistema no puede acomodar a todos los pacientes, ha emitido un manual para el tratamiento en casa y está exhortando a los pacientes que vayan a clínicas privadas.

“Esta lucha debe involucrar a los proveedores de servicios de salud públicos y privados”, dijo el presidente Shavkat Mirziyoyev. “Todo el sistema de salud debe estar listo para lidiar con la pandemia”.

Pero mientras muchos uzbecos aprecian los llamados de unidad y decisión del presidente, se quejan que no ha logrado producir acciones efectivas. “Lo que he visto en nuestro sistema de salud del distrito es que lo que sea que se diga ahí no se mueve más allá de las reuniones”, dijo Shayhov.

Entre las promesas para proveer equipos y medicamentos y para hacer las pruebas accesibles en un momento adecuado, los gobiernos en la región han tenido que buscar en el extranjero para ayuda técnica, médica y financiera.

Mientras tanto, los países del Centro de Asia afrontan el riesgo de importar más infecciones al repatriar a ciudadanos viviendo en el extranjero, frecuentemente de países con altas tasas de infección.

Uzbekistán ha repatriado a casi 100.000 ciudadanos, muchos de ellos obreros que estaban en Rusia, en aviones fletados y tras lo cual han tenido que ponerlos en cuarentena.

Al 21 de julio, Uzbekistán, un país de 33 millones de habitantes, había registrado casi 18.000 infecciones y 93 muertes, con casi 10.000 pacientes ya recuperados.

Kazajstán, con una población de 18,3 millones de personas, tiene la tasa más alta de infección en la región con más de 73.000 casos y 585 muertes. Reporta que más de 45.000 pacientes se han recuperado.

Kirguistán, con 6,3 millones de habitantes, tiene la tasa de fatalidad más alta con 1.079 muertes, entre unos 28.251 pacientes infectados. Unos 15.000 pacientes se han recuperado.

Tayikistán, un país de 9 millones, no reportó ningún caso hasta mayo, pero ahora tiene por lo menos 7.000 pacientes, 57 muertos y casi 6.000 pacientes recuperados.

Luego está Turkmenistán, con 5,8 millones de habitantes que no ha reportado ninguna infección, ubicándose al lado de Corea del Norte, sin ningún caso reportado oficialmente.

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Fuentes independientes, como el servicio turkmeno de Radio Liberty, citan reportes de casos agudos de neumonía, y un empeoramiento de la situación sanitaria y económica en ese país. Y a pesar de sus negativas, Turkmenistán ha restringido el tránsito y las compras y ha prohibido aglomeraciones de personas.

El presidente de Kasajstán, Kassym-Jomart Tokayev y su administración, hicieron sonar las alarmas al aumentar dramáticamente las infecciones este verano, pero Tokayev prometió que la pandemia pasaría. Ahora, él ve más dificultades en el futuro al seguir aumentando las infecciones en las zonas urbanas.

Uzbekistán empezó a reabrir a finales de junio cuando el Ministerio de Salud estaba reportando docenas de casos, pero eso aumentó en julio a cientos de casos diarios. La fuerza de tarea para el COVID-19 de Uzbekistán, ha advertido que el sistema de salud pública colapsará si las infecciones llegan de 1.000 a 1.500 nuevas infecciones diarias.

La administración de Mirziyoyev ha implementado nuevamente una estricta cuarentena hasta el 1 de agosto, prometiendo extenderla si el aumento exponencial de infecciones no disminuye.

Al igual que Tokayev, Mirziyoyev ha empezado a culpar a las autoridades locales y regionales. Con casi la mitad de todas las infecciones ocurriendo en la capital Tashkent y sus alrededores, Mirziyoyev ha reprendido a los alcaldes, gobernadores y jefes de departamentos de salid, incluyendo al alcalde de la capital, Jakhongir Artikhodjayev y al ministro de Salud, Alisher Shodmonov. 

Funcionarios uzbecos que pidieron no ser identificados dijeron a la Voz de América que habían recibido una última oportunidad para hacer mejoras.

Las redes sociales han explotado con acusaciones de ineptitud gubernamental, así como muchas quejas de las condiciones de los hospitales, la falta de pruebas y medicamentos, corrupción y mala administración.

Un ex miembro del Parlamento de Uzbekistan, Karim Bahriyev, dice que las autoridades deben asumir la responsabilidad en lugar de echarle a otros la culpa.

“¿Quién destruyó los sistemas de educación y salud, puso a sus parientes irresponsables e incapaces a cargo y robó del presupuesto para la salud y los medicamentos? ¿Los ciudadanos?”, preguntó retóricamente.

En Facebook, Bahriyev citó la irresponsabilidad en los gobiernos central y locales.

Rustam Ashurov, un joven científico, enumeró varias razones para el pobre rendimiento de Uzbekistán, incluyendo malos sistemas de archivo de los récords, falta de laboratorios y pruebas en los hospitales, mal uso de la tecnología médica y el capital humano, pobre toma de decisiones y ejecución, trabajadores mal pagados y descontentos, y una falla para aprender de las experiencias de otros países.

“¿Por qué el Ministerio de Salud no ha aprendido de las experiencias italianas o españolas con el COVID-19? Tuvimos cuatro meses para aprender sus lecciones”, preguntó Ashurov en Facebook.

Los gobiernos están preocupados. Mirziyoyev recientemente orientó a los alcaldes y gobernadores a pasar horas cada día en las redes sociales, respondiendo a las preocupaciones de los ciudadanos.

Mientras tanto, los problemas económicos proliferan, con los gobiernos dependiendo de las instituciones financieras internacionales y esperando por mayor asistencia e inversiones.

Washington ha destinado unos 25 millones de dólares en ayuda médica y humanitaria y está aumentando la presencia de la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID).

El Banco Mundial ha promovido un enfoque de One Health, (Una Salud), el cual busca establecer una red de instituciones, servicios, laboratorios y profesionales que juntos prevengan, detecten, respondan y administren los brotes.

La directora del Banco para Asia Central, Lilia Burunciuc, dijo que “Para que Una Salud despegue en Asia Central, se necesita inversión, liderazgo y la participación de los países miembros”.

En una publicación del 20 de julio, dijo que la migración laboral aumenta la vulnerabilidad a las pandemias porque “los virus cruzan las fronteras libremente, así que la pandemia es un llamado para mejorar nuestra preparación y vigilancia”.

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