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COLOMBIA CON POCAS OPCIONES PERDIÓ ANTE JAPÓN

LOS NIPONES NUBLARON EL HORIZONTE PARA LA TRICOLOR, AL TIEMPO QUE ILUMINARON SU RUTA DENTRO DEL GRUPO H. EL PARTIDO SE DESCOMPUSO DESDE LOS PRIMEROS 120 SEGUNDOS…

Kagawa y Osako marcaron los goles con los cuales Japón venció 2-1 a Colombia en el inicio de competencias del Grupo H del Mundial de Rusia 2018.

El partido se enrareció desde el minuto dos, cuando el árbitro sancionó un penalti y Carlos Sánchez fue expulsado.

Juan Fernando Quintero, de tiro libre, equilibró parcialmente el marcador, 1-1, en lo que parecía iba a ser una remontada heroica…

Carnaval de la tragedia y el gozo

Colombia, iluminada por el amarillo tatuado en las graderías del Mordovia Arena y estimulada por el himno cantado a garganta plena por más de 30 mil compatriotas, tuvo que lidiar con la “desgracia” desde el minuto dos.

Presa de la presión alta japonesa, la zaga nacional perdió referencias y el gesto de la tragedia se dibujó en su área.

David Ospina le tiró la piel a Osako en un mano a mano de muerte. El balón quedó vivo. Un segundo remate japonés fue interrumpido por el brazo de Carlos Sánchez cuando Ospina apenas se reincorporaba. El esloveno Damir Skomina sopló el silbatazo de la condenación.

El penalti llegó acompañada de tarjeta roja para la “Roca”. Kagawa, el samurái más “curtido” de los nipones, ofició de verdugo. Cobro al centro, David a un palo. Gol, 1-0 (5’)

Colombia se refugió en su filosofía: toque más posesión. Por 10 contactos de Colombia, 3 de Japón. Así logró compensar la inferioridad numérica y avanzar hacia líneas enemigas.

Los orientales, incapaces de domesticar la esférica, cortaban la avanzada cafetera con faltas. Y Juan Fernando Quintero, geómetra de barrio, consciente de que hace un año era un “anónimo” más y ahora ocupaba el trono de James Rodríguez, dio cuenta de lo suyo.

Un tiro libre suyo aterrizó en la cabeza de Radamel Falcao. El goleador no pudo girar el cuello y su balón terminó en el regazo de Kawashima. (11)

La actitud de la Tricolor, sin embargo, producía algún desbalance en la defensa. Inui se deslizó y remató a palo cambiado mientras Ospina estiraba su mirada (14’). Dávinson Sánchez brindó ventaja y el remate japonés se abrió (31’)

La iniciativa patria nacía de los guayos de Juan Guillermo Cuadrado, a veces traicionado por su “adicción” a la pelota, y Quintero. El técnico José Pékerman, al parecer, castigó la “obsesión” de Juan Guillermo y lo reemplazó con Wílmar Barrios (31’)

Quintero seguía manejando la marioneta. Sus pases entre líneas, teledirigidos, llenaban de luz el ataque Tricolor. Una bola flotante fue contactada por Falcao pero su impacto forzado cayó en las manos de Kawashima (33’)

Los del Sol Naciente apenas atinaban a frenar con pierna fuerte los desplazamientos de los colombianos. Falcao, táctico, inteligente, moviéndose entre las alambradas enemigas, propició una nueva infracción junto al vértice derecho del área.

Quintero envenenó la bola, espada cayendo al cuello de Kawashima, y ésta se escurrió entre el palo izquierdo, los guantes del golero y el césped del Mordovia. Exclamación de fervor, canto de patria en la estepa rusa… ¡Golazo¡ 1-1 y… volvía el oxígeno (38’)

Ofensiva nipona…

Al fin, conscientes de su ventaja en la gramilla, los nipones se lanzaron sobre las “aguas” de Colombia en lo que recordaba la ofensiva japonesa en Pearl Harbor.

Pékerman, había replanteado. El once patrio juntaba sus bloques, reducía espacios y con la guardia en alto, soportaba cada golpe. Sánchez, sin embargo, era la costura floja de la zaga.

Osako le ganó en un giro y remató afeitando la gramilla. Ospina respondió (53’). Inui se la jugó de francotirador, remate afuera del perímetro, de nuevo David puso el escudo estirándose hacia el metal izquierdo (55’)

Las tribunas del Mordovia estallaron. En las pantallas apareció la imagen de James Rodríguez enfundándose la camiseta. Pékerman, urgido de más dominio, envió al general del medio campo. Y le dijo a Quintero ¡Misión cumplida! (58’)

La posesión de la pelota era de los samuráis. Y el terreno, su botín. En las huestes nacionales el sudor ya no era suficiente. Había fatiga. Todos se habían multiplicado para equilibrar la ausencia de Sánchez.

Pékerman aireó. Mandó al frente a Carlos Bacca y sentó a José Heriberto Izquierdo (69’). Los “hijos del sol” seguían asediando. Sakay se escurrió dentro del área e impactó. La bola buscó el segundo palo tras desvío previo. Tiro de esquina.

Osako le ganó el salto a los colombianos, que apenas lograron apiñarse para ver cómo el nipón “ajusticiaba” a Ospina. Gol, 2-1 (72’)

La arremetida de Colombia fue inmediata. James Rodríguez aprovechó su ángulo de tiro pero el impacto fue intersectado por Osako, alma omnipresente de los japoneses (77’)

Con la suerte cambiada y el destino enrevesado, a Colombia le quedaba echar en boca la oración de los japoneses: “Kami-sama, Hotoke-sama, dōka otasuke kudasai”, es decir: “Dios y Buda, ayudadme de alguna forma, por favor”

Pero ni el uno ni el otro prestaron atención, como si en asuntos de fútbol la plegaria de los nipones a las deidades careciera de efecto.

Colombia perdió en su debut 2-1 frente a Japón, el rival hipotético más accesible del grupo H, y ahora esperará a Polonia, el próximo domingo.

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