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Una mentira es una declaración realizada por alguien que sabe, cree o sospecha que es falsa en todo o en parte, esperando que los oyentes le crean, de forma que se oculte la realidad o la verdad en forma parcial o total”.

Por Oscar Medina

Sin quitarle ni ponerle una letra, esta definición –tomada de Wikipedia- encaja perfectamente en Luis Eduardo Castro. Un candidato que produce apenas lástima por su pobreza espiritual, por su enana formación moral, por su tirano comportamiento con sus subordinados laborales y por su patético y desvergonzado cinismo político.

Luis Eduardo Castro aplica aquello de “mentir, mentir, mentir que algo quedará sonando”. Es posible que un puñado de despistados ciudadanos le crean. Es simple: él juega casi que delictivamente con esa gente, alimentándoles mentirosamente sus ideales y anhelos de progreso. ¿Cómo? Aprovechándose de sus necesidades en vivienda, en salud, en empleo o en educación, les vende promesas locas de, por ejemplo, construir 5 mil apartamentos, entregar miles de lotes con servicios públicos y mejorar también miles de viviendas de los pobres. ¡Cárcel debería estar legalizada para peligrosos lenguaraces como Castro!

Aunque esos hombres y mujeres que caen en las garras de ese tipo de politiqueros son de corazón noble y honestidad vertical, por física necesidad a lo largo de estos años han sido convertidos en clientela permanente de candidatos que trafican con sus sueños ¡Y los destruyen! Sin el menor asomo de respeto por sí mismo, por Yopal y menos por la ciudadanía, a esa clientela es a la que Castro le está apuntando para intentar ser el alcalde. Clientela que sumisamente vota por mentiras y fantasías de campaña. O por unas tejas, unos  bultos de cemento, unos ladrillos o unos mercados de mala calidad.

Las mentiras politiqueras de Luis Eduardo Castro bordean los límites de lo delincuencial. De forma consiente, él sabe que lo que está prometiendo y repitiendo como lora loca jamás lo podría cumplir. En esta campaña política su oficio y función única las 24 horas del día es ¡mentir! La mentira es la única palabra que está en su diccionario. La intención es clara: pescar uno que otro voto. Pero justamente por mentiroso, por engañar a los electores, por vulgar promesero y por su sabido despotismo con sus subalternos -que se comenta por miles en todas las esquinas de Yopal y en todos los rincones del municipio- es que este personaje ha sido derrotado, castigado merecidamente las 5 veces que ha pretendido un cargo de elección popular: una a la Cámara, una al Senado ¡y tres a la Alcaldía de Yopal!

En pasada columna, con cifras y estimativos presupuestales, con números concretos le rebatí claramente que, por ejemplo, sus propuesta de 5 mil viviendas, 5 mil lotes con servicios y un malecón en el Cravo Sur de tres kilómetros, dotado con piscinas iluminadas, centro comercial, puestos de policía y demás sandeces son una monumental, irresponsable y grosera mentira. (https://prensalibrecasanare.com/opinion/34777-de-frente-las-mentiras-de-lul.html)

Y como Luis Eduardo Castro no duerme por seguir armando mentiras locatas, ahora, a un par de semanas de las elecciones, anda tratando de vender más mentiras. La más reciente es la supuesta construcción de un parque natural ecológico y turístico en Yopal. ¡De 30 hectáreas! Escuché un audio que me enviaron donde Castro dice que el tal parque vale mucho dinero hacerlo. Pero que lo hará. ¡Claro: 40 o 60 mil millones de pesos se encuentran en una maleta, al doblar una esquina!

Otra: que limpiará la ciudad de bares, negocios nocturnos, cafés, bailaderos, discotecas y similares sitios, trasladándolos a todos a sitios específicos retirados del área urbana. Miente por varias razones: una, el Plan de Ordenamiento Territorial no permite tal exabrupto. Dos: centenares de esos negocios son legales y tributan centenares de millones de pesos al municipio. Tres: serian decenas de pleitos y demandas ganadas por esos contribuyentes, los que causaría el mandatario que intente siquiera cumplir con tamaña desfachatez. Una cosa es pretender organizar comercialmente la ciudad. Y otra, propia sólo de los atarbanes, déspotas e ignorantes, es apoyarse en el poder para pisotear los derechos de la gente honesta, golpeando económicamente a los más débiles.

Estas dos nuevas perlas promeseras comprueban que Luis Eduardo Castro está desesperado. Su aberrante mentira de miles de vivienda gratis se le desbarató como un castillo de naipes. Como tenía que ser, con el paso de los días la gente entendió que esa propuesta está únicamente en la alienada mente de quien la bufonea.

Claro: en el mundo entero todos los políticos mienten. Pero hay que saber mentir. Y para lograr el propósito planeado, hacerlo justo en el momento preciso. De lo contrario, la mentira se devuelve estrepitosamente y golpea la cara de quien la pregona.

Aunque resultó elegido alcalde a punta de mentiras, el actual mandatario Leonardo Puentes es hoy víctima de su propio invento. No cumplió una sola de sus promesas: no acabó con la corrupta CEIBA, no empezó siquiera la construcción del Malecón en el Cravo Sur, no construyó el recinto multiferial, no construyó la terminal de transporte terrestre, no construyó el frigorífico, no construyó la vía variante para el ingreso a la ciudad. ¡Sólo mentiras! Mentiras que ahora son su desgracia política y lo han hundido para siempre. Porque ni siquiera candidato del Partido Alianza Verde se atrevió a impulsar. Sabía que sería derrotado.

Yopal merece respeto. Yopal jamás podrá volver a ser gobernada por sujetos de repulsivo comportamiento personal. Además déspotas y humilladores. Por personajes a los que nada les importa la moral, de la que se burlan. Ni menos el inmenso valor y fortaleza social que representa la familia verdadera, conformada por un hombre, una mujer y unos hijos temerosos todos de Dios. Es irresponsable votar por candidatos que tienen por el piso el respeto, los valores humanos y la dignidad de las personas. Que a punta de fantasías locas quieren llegar al poder. Que sólo están impulsados por sus intereses personales y por los de exalcaldes paracaidistas y roscas corrosivas que, cuando tuvieron su momento, se dedicaron a todo menos a heredarle a la ciudad algo positivo.

Por un instante cerremos los ojos e imaginemos otra vez un alcalde así. Y, además, con jovencitos entrando y saliendo del despacho con carpetas bajo el brazo, aullando locamente por un contrato laboral de trabajo. De tres o cuatro meses… Por culpa de candidatos mentirosos la ciudad no puede seguir sumida en el atraso. Retroceder nuevamente no es una opción.

Amar a Yopal es votar por la estabilidad gubernativa, la moral, el respeto, la dignidad, la familia, el carácter, la autoridad en la toma de decisiones y el desarrollo que encarna Lilian Fernanda Salcedo. Digo yo.

*Periodista

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