Publicidad

Mianwal (Pakistán) (EFE).- Condenado a la horca cuando era menor de edad, Mohamed Iqbal ha pasado más de la mitad de su vida -21 años- en el corredor de la muerte.

Su ejecución se paralizó horas antes y ahora se enfrenta a un incierto futuro como un hombre libre, en un caso que ilustra las deficiencias del sistema judicial de Pakistán. «Di por hecho que solo saldría de prisión muerto. Mentalmente ya había muerto», cuenta a Efe en el pueblo de Mianwal Ranjha (este), en la casa familiar que vio por última vez a los 17 años en 1998, antes de que la Policía le arrestase por un asesinato que asegura que no cometió. Ahora tiene 38. En junio pasado un tribunal lo dejó en libertad. «En la primera noche (libre) dormí en el patio y vi las estrellas por primera vez en 21 años. Pasé casi toda la noche mirando el cielo y pensando qué valiosa es la libertad», recuerda. EF

Fuente

Publicidad