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Más de 1 millón de iraquíes que huyeron del Estado Islámico y ahora viven en campamentos superpoblados y sucios son «extremadamente vulnerables» a COVID-19, según comentarios de una voz autorizada de Médicos sin Fronteras (MSF).

«En los campamentos donde MSF brinda atención médica, las familias están congestionadas dentro de carpas individuales y tienen escaso acceso a instalaciones de higiene adecuadas», dijo Tetyana Pylypenko, coordinadora médica de MSF en Irak.

«Mezclarse con otros residentes del campamento es una tarea diaria inevitable, y sin suficiente ayuda, las personas no tienen más remedio que salir y buscar trabajo para mantener a sus familias, a pesar de conocer el mayor riesgo de infección», explicó Pylypenko.

MSF dice que si bien se han confirmado algunos casos de coronavirus dentro de los campamentos donde el grupo está activo, aquellos que abandonan los campamentos para tomar trabajos externos corren el riesgo de traer de vuelta el virus. El grupo dice que es muy difícil para los refugiados protegerse de un posible gran brote.

Los funcionarios de salud han dicho que las personas con otras afecciones de salud, como diabetes, hipertensión y enfermedades cardíacas, son especialmente vulnerables a la COVID-19.

«Es fundamental que las personas en los campamentos tengan acceso a la atención por COVID-19 y a los servicios de salud regulares», dijo MSF.

«Para que MSF continúe trabajando en todo el país y responda adecuadamente a las necesidades de salud, el acceso y el movimiento deben permanecer abiertos», alertó Pylypenko.

Según las Naciones Unidas, tres millones de iraquíes huyeron del Estado Islámico desde 2014 hasta que Irak derrotó al grupo terrorista hace unos dos años.

Alrededor de 1.3 millones de refugiados iraquíes viven en campamentos de desplazados dentro de Irak, con la esperanza de alguna forma de reanudar como antes sus vidas.

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