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Pretender controlar y cargar con la responsabilidad de todo, cumpliendo estándares imposibles, puede ser bastante pernicioso para tu salud. Esto es lo que pasa cuando hay hiperexigencia en tu vida.

¿Has sentido alguna vez que tienes una hiperexigencia excesiva en tu vida? Esto es un patrón característico de pensamientos, emociones y comportamientos que tienen como consecuencia la exigencia de la perfección y de un elevado estándar de desempeño.

Además, se pueden establecer unos objetivos inalcanzables o poco realistas, con una excesiva preocupación por la realización de metas y una incapacidad para delegar que complica lo cotidiano.

El problema radica en unos rasgos de personalidad propios de los hiperexigentes que, sumados a una pobre capacidad para ser flexibles, establecer objetivos o manejar ciertas emociones y conductas, dan como resultado este complejo cuadro patológico. A la larga, aparecen síntomas que son de enfermedad.

El aumento de la competitividad, la presión por hacer cada vez más y mejor trabajo, no hacen más que redundar en estos síntomas. Este ambiente académico y laboral tan orientado al éxito en todos los aspectos empeora la situación para estas personas, que se sienten impelidas a cumplir con un ideal inalcanzable para la mayoría.

Principales síntomas de la hiperexigencia

Las personas con hiperexigencia suelen desarrollar síntomas típicos que se pueden reconocer. Entre ellos, es habitual el estrés y la ansiedad que se derivan por querer controlar lo incontrolable.

Su pronóstico tiende a ser pesimista y les cuesta confiar en los demás. Por eso son incapaces de delegar tareas, sobrecargándose con actividades que no podrán cumplir en un nivel adecuado al final de la jornada.

La hiperexigencia en tu vida redunda en pensamientos obsesivos. Esta obsesión consume gran parte del tiempo que se le quita a las actividades tomadas de manera extra. Entonces aparece la frustración por no alcanzar determinadas metas que, en un principio, ya eran de difícil cumplimiento.

Por otro lado, la hiperexigencia en tu vida no te deja desconectarte del trabajo y de los estudios. La vida y la autoestima se centran en los logros, que si no se alcanzan, acaban en enfado, irritación y pobre gestión de la crisis.

En el exceso de trabajo y estudio aparece la falta de descanso, que acarreará insomnio y problemas físicos del mal dormir, a veces hasta en el plano cardiovascular. Esto es muy riesgoso si se sostiene por meses o años.

Causas de la hiperexigencia

No hay una causa específica para la hiperexigencia. Por lo tanto, debemos buscar el origen en la relación bio-psico-social del individuo y en la conjunción de algunos aspectos cruciales:

Estilo de personalidad obsesivo-compulsivo: no debemos confundir esto con el TOC. Este patrón de personalidad se caracteriza por la rigidez, la tendencia al perfeccionismo, estricta observación de las reglas, el orden y el control. Es un trastorno que afecta más a hombres jóvenes y de mediana edad.

Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC): en este caso, la persona presenta obsesiones egodistónicas incontrolables que versan sobre simetría, orden, limpieza y control, además de compulsiones, que pueden ser cognitivas o comportamentales.

Perfeccionismo: tiene más que ver con la educación recibida y con el aprendizaje del individuo. En este caso, los perfeccionistas tienden a imponerse elevados estándares de calidad y objetivos inalcanzables.

Problemas económicos o cargas familiares: las preocupaciones de cara a la pérdida del trabajo o la perspectiva de poder sacar adelante la familia pueden hacer que la persona se vuelva demasiado exigente con su ámbito laboral.

Presiones en el entorno social: una alta competitividad, la perspectiva de quedar en paro o un mal clima organizacional, pueden hacer que te sacrifiques en demasía por el trabajo. A veces, el empeño en lo laboral para no ser despedido o reemplazado es el canal hacia la hiperexigencia en tu vida.

Consecuencias de la hiperexigencia en tu vida

La hiperexigencia afecta a tu bienestar físico y mental. Altera tu estado de ánimo, pues es imposible mantener tal grado de presión sin que cambien las emociones.

También hay problemas de concentración y memoria debido al estrés constante y la falta de sueño. A esto se suelen asociar problemas de alimentación con tendencia a comer menos o más de la cuenta, como estrategia para manejar la ansiedad.

El insomnio y la dificultad para descansar deriva en conductas adictivas, con uso y abuso de alcohol, tabaco y otras drogas. Sin mencionar los riesgos físicos de enfermedades orgánicas, las dificultades sexuales y el aumento de la conflictividad interpersonal.

Posibles tratamientos

Como siempre, se recomienda un tratamiento eficaz, eficiente y basado en la evidencia. Por ello, el tratamiento cognitivo-conductual es una de las opciones terapéuticas más empleada para abordar los patrones de pensamiento disfuncionales o negativos y el manejo de las emociones. Consulta a un psicólogo si crees que estás siendo hiperexigente en tu vida, y el profesional sabrá ayudarte.

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