Publicidad

Ricardo Maldonado Rozo

Cartagena (Colombia), (EFE).- Abandonados se sienten los habitantes del parador turístico de Zarabanda, un caserío ubicado en la carretera que comunica a Cartagena de Indias con Barranquilla y que dependen totalmente del turismo que se esfumó del Caribe colombiano por la pandemia del coronavirus.

La veintena de casetas de venta de comida ubicadas a lado y lado de la carretera, usualmente llenas de viajeros y turistas que paran a almorzar o simplemente comer una tradicional arepa de huevo o beber un refresco, hoy parecen un pueblo fantasma.

Desde hace dos meses, cuando comenzó la cuarentena y se prohibieron los vuelos nacionales e internacionales, más de 70 familias de esa comunidad quedaron en el limbo porque además de perder su fuente de ingresos no cuentan con servicios básicos como agua potable o gas natural y, para rematar, no les ha llegado ninguna ayuda.

La comerciante Yolanda Montes, que tiene un restaurante en Zarabanda en el que trabajan 12 personas, cuenta a Efe que no entiende por qué gente del Gobierno que alguna vez fueron clientes suyos hoy no los tienen en cuenta, «nos ignoran del todo», dice.

Cita al presidente del Senado, Lidio García, oriundo de Bolívar, departamento del que Cartagena es capital, quien hace muchos años, cuando era cantante de vallenatos, siempre paraba a comer allí.

«Le hemos enviado mensajes para rogarle por ayuda pero nada (…) Creo que no saben que existimos a pesar de que todos vienen a disfrutar de las arepas», afirma.

Montes acató todas las medidas de bioseguridad ordenadas por las autoridades pero aún no ha recibido autorización para reabrir su negocio. «De vender 150 o 200 almuerzos diarios pasamos a vender 5 almuercitos en el día», lamenta. EFE


Publicidad